Pero hagamos un análisis más profundo, y veremos que podemos llegar a alguna conclusión un tanto distinta del planteamiento de partida:
En un primer momento, efectivamente tras el arranque de la biomasa, ésta se extraerá de los bosques y plantaciones existentes, naturalmente, y se producirá una tala a un ritmo mayor debida a la nueva demanda creada y la oportunidad que muchos propietarios verán para su madera, y más aún teniendo en cuenta que debido a la crisis de la construcción se había devaluado hasta no valer prácticamente nada.
Pero a medida que la demanda vaya creciendo gracias a las nuevas instalalciones e industrias que la empleen, también irá creciendo el precio, y será entonces cuando los propietarios, que o bien tienen sus tierras improductivas o se dedican a otros cultivos, verán aquí un buen negocio y comenzarán a plantar y por tanto reforestar con especies de crecimiento rápido, como el pino o el chopo. Dentro de unos años talarán, y si les ha salido rentable volverán a plantar, y así sucesivamente, el ciclo seguirá en marcha. Según el negocio de la biomasa vaya creciendo, nuevosos propietarios se irán incorporando y se irá produciendo una reforestación. Este proceso crecerá hasta que se sature la demanda o bien se ocupen todos los terrenos y parcelas que, o bien no producían nada o bien se dedicaban a otras plantaciones menos rentables
Se puede concluir entonces que, a muy pequeñas escala de producción de biomasa, si puede menguar la masa forestal, pero a medida que el consumo doméstico crezca, y lo haga también como fuente de energía en procesos industriales, asistiremos a una reforestación de nuestros montes y campos, con todos los beneficios medioambientales, de creación de puestos de trabajo y de fuente de ingresoso para el deprimido medio rural y la industria que ello conlleva. Un nuevo motor para nuestra economía comenzará entonces a funcionar.

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