Tal vez suene a frivolidad, o quizás a algo pronunciado por alguien que sólo desea ver cómo se inflinge el mayor daño a la economía con a saber qué fin. Pero nada más lejos de la realidad. Es bien sabido que las últimas actuaciones del régimen iraní tratando de dañar la economía occidental (y de paso la suya, aunque dudo que el sufrimiento de su gente les importe mucho a los dictadores que rigen el páís) está causando y va a causar más en el futuro, una subida en el precio de combustibles, energías y productos derivados del petróleo. Y las consecuencias son inmediatas, contracción del consumo, inflacción,... Pero como en todo período de dificultad, también se abren nuevas ventanas y nuevos motivos de esperanza.
Pero hagamos un poco de historia para ver cómo evulucionó la sociedad ante situaciones similares, y así intuír una posible alternativa futura.
Hasta finales de los años 60, el precio del petróleo era muy barato, y a nadie le preocupaba el consumo. Pero a finales de esta década, árabes e israelíes se enzarzaron a tiros en el canal de Suez. Para castigar el apoyo occidental al pais hebreo, los paises árabes decidieron subir el precio del petróleo (realmente cortaron el suministro, que a efectos económicos es lo mismo), y el precio de combustibles y derivados demás derivados óleos se dispararon. Es cierto que se produjo una gran y profunda crisis, pero se salió de ella, y la industria y la técnica aplicada a la sociedad (automoción, transporte aéreo,...) cambiaron, y no sólo eso, cambiaron para mucho mejor. Hasta entonces no importaba el consumo de los automóviles, hasta el punto de que el díesel sólo era para maquinaria pesada y a partir de esta fecha se desarrollaron los motores sobrealimentados (con turbo) que consumen hasta un 20% menos, los motores diésel, turbodiésel y de inyección directa, mucho más eficientes. En el transporte en general se comenzó a luchar contra el despilfarro energético en todos los ámbitos, como en la aviación, donde se avandonaron los costosos
aviones supersónicos, llamados a reinar en los cielos y se desarrollaron aviones más económicos, equipados con motores turboventiladores (turbofan) y turboélice, mucho más económicos que los reactores convencioneles, se fueron avandonando los aviones con motores en cola, como el MD-80 y se comenzó su sustitución por los aviones con motores bajo los planos principales y pasillo ancho, como el Airbus A-310, Boing 737, B-747, etc. Y en la industria se comenzaron a aplicar soluciones como la cogeneración, ciclos combinados, turbinas de contrapresión y extracción, economizadores, y un largo ect, destinado a mejorar la eficiencia energética.
Resumiendo, tras una crisis como la de los años 70, surgió el concepto del ahorro energético y la eficiencia, y toda la sociedad salió muy beneficiada.
Y la reflexión surge por sí sóla: ¿porqué ahora no ha de suceder lo mismo? ¿no es posible que ante el encarecimiento de las materias primas energéticas, llegue finalmente la hora de las renovables?
Es posible que a cada subida del barril de Brent nos acerquemos más a la independencia energética, a la producción sostenible, al fin de las emisiones de gases venosos y al silencio y la salubilidad de nuestras ciudades, y al fin de la incertidumbre sobre el precio de nuestra energía.
Y además, tal vez esta crisis nos acerque aún más al despegue del sector de la producción alternativa en España, pais líder a nivel internacional, y así, a cada subida del carbón o del petróleo, cada vez podemos estar más cerca del comienzo de la salida de la crisis de la mano de nuestra industria sostenible, y del surgimiento de una nueba sociedad, y de una nueva forma de producir y consumir energía.
Si el sector no se muere antes gracias al gobierno...
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